Escalada o descenso

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rock climbing @ lei pi shan, yangshuo china

By Maria Ly [CC BY-SA 2.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.0)%5D, via Wikimedia Commons

 

Escalada o descenso. Ascética separación de lo humano u oprobiosa inmersión en lo diabólico. Quizás ambas cosas a la vez.

A lo largo de los últimos años, hemos asistido a una curiosa metamorfosis de nuestro estamento político; cuando digo “nuestro” no me estoy refiriendo a España, sino a toda la Unión Europea. Esta metamorfosis es una transformación involutiva, que consiste en la mutación de nuestros representantes en una casta de arúspices. Una casta cada vez más separada de las personas y sus aspiraciones vitales, y solo atenta a colocarnos bajo los auspicios de los nuevos dioses del Austericidio, mientras se separan con displicencia de los ciudadanos que les dan soporte y cuya soberanía ¿representan?

Y el último escalón (que no definitivo, si no ponemos remedio) de esta mutación lo constituye la decisión de algunos “des-almados” sobre la crisis de los refugiados por la guerra de Siria.

En una decisión con una racionalidad lógica e insensible, los representantes europeos han acabado de despojar de casi toda dignidad humana a los refugiados. Si lo pensamos detenidamente, poniéndonos en sus exclusivos zapatos, no cabía otra decisión, o esta no podía ser muy diferente.

Ateniéndose estrictamente a la lógica de los representantes políticos, había que situar a los refugiados al menos un peldaño más abajo de los “últimos ciudadanos europeos” (como , por ejemplo, el pueblo griego). Si los políticos hubieran realizado un esfuerzo para sostener la dignidad de los refugiados sirios, esto les habría obligado a realojar en un escalón superior de dignidad a los ciudadanos griegos, cuya degradación fue inducida artificialmente para castigar a unos dirigentes que pretendían trabajar para su recuperación, después del expolio financiero.

Y como en un efecto dominó, este realojo supondría la reasignación de dignidad (o sea, de derechos) de las sucesivas castas: precariado del sur de Europa (los pigss), pigss con los “deberes cumplidos” (como España), .precariado de los países del este y norte (los inventores de los”minijobs” y los “contratos-cero”), pasando a las castas superiores: empleados ejecutivos, estamento político secundario,etc. La subversión, vamos.

La decisión, impecablemente racional desde su punto de vista, es un claro descenso en los escrúpulos y compasión de los mandatarios europeos, y una escalada de impiedad, por parte de un montón de dirigentes hipócritas que se empeñan en aseverar la “herencia cristiana de la unión europea”.

“Por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7-16). Y los votaréis… (Joaco 20/03/16).

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Involución

Involución
Los sistemas de organización social siempre han estado en continuo cambio. Incluso los estados son estructuras que no han existido siempre, y cuyas funciones han variado con el tiempo. Esto es evidente cuando comparamos las características y funciones de los estados feudales, con los estados democráticos modernos, por ejemplo.
Gracias a las revoluciones norteamericana y francesa se establecieron los cimientos de los estados democráticos modernos, basados en la soberanía popular, y en la separación de poderes, con el objetivo de preservar esa soberanía de las personas frente al poder de la “maquinaria estatal”. Con el desarrollo de las ciencias sociales y políticas, gracias a la contribución e ideas de muchas personas, los estados funcionan ahora como ”Sistemas complejos”. Se dotan de estructuras organizadas, con relaciones emergentes e interdependientes entre sus elementos, con el fin de interiorizar parte de la incertidumbre del entorno para facilitar la vida de sus integrantes: sus integrantes – los ciudadanos –, a cambio, ceden parte de su soberanía a este sistema con el fin de disminuir su horizonte de incerteza y así simplificar sus acciones y decisiones cotidianas.
Con esta finalidad, se han ido creando subsistemas complejos especializados para gestionar las principales facetas de la existencia; como el subsistema político, enfocado en la gestión de las relaciones y normas sociales, de tal forma que no es preciso que cada individuo tenga que desarrollar su propio esquema normativo y de relación inter-ciudadana, y luego discutirlo y acordarlo multilateralmente con todos sus paisanos (vaya jaleo). De la misma forma, el subsistema educativo se ocupa de la preparación, acumulación y difusión estructurada de los conocimientos entre los ciudadanos, sin que cada uno de ellos tenga que realizar este proceso de búsqueda, recolección y asimilación. De esta manera, no todos los ciudadanos necesitamos ser médicos, albañiles, jueces, policías, maestros, soldados, jardineros, etc.
Desde mediados del siglo pasado, el sistema social más exitoso – definiendo por exitoso como el que más ha colaborado en difundir, favorecer y dar soporte a la dignidad de los seres humanos- en el planeta, es el llamado “Estado del Bienestar”. Este sistema – circunscrito a los individuos de cada estado que lo implanta – se ocupa de facetas de la dignidad referidas a la educación, salud, envejecimiento, dependencia y equidad de sus integrantes.
Pero estas no son las únicas funciones del “Subsistema Estatal”: otro grupo de funciones para el que hemos cedido parte de nuestra soberanía personal al estado, lo constituyen aquellas que podríamos llamar la “Gestión del Malestar”, y que se adscriben bajo los epígrafes de “defensa” (gestión de la guerra), “seguridad” (gestión de la violencia) y “justicia” (gestión de los conflictos ético/morales).
Y entre estos dos ámbitos – la Gestión del Bienestar y la Gestión del Malestar –se ha dado una mutación muy clara en los últimos años: los partidos “conservadores” se han lanzado con fruición a una agenda “reformista”, con varios ejes de trabajo:
Por un lado, levantar el velo del estado del bienestar, mediante la privatización y/o la modificación de las estructuras y acciones del sistema, dejando de nuevo a los individuos a las expensas de la gestión personal de la incertidumbre en sus ámbitos vitales, como la negociación del valor personal, la educación, la salud, la dependencia y el envejecimiento.
Por otro lado, acentuando el énfasis comunicativo y presupuestario en los ministerios de la guerra, en la comunicación de la sensación de inseguridad y en leyes que atenúan o impiden la canalización del descontento ciudadano con estos cambios.
Por un tercer lado, en la obliteración de las acciones para la recaudación adecuada de los impuestos necesarios para mantener estos sistemas sociales – que dan soporte y configuran nuestro “contrato social”-, evitando la exigencia de contribución a los plutócratas.
Y por último, con la ayuda inestimable de los grupos de comunicación masiva, en la demonización de aquéllas organizaciones – antaño llamadas “progresistas” – que pretenden “conservar” este sustrato mínimo vital de nuestras sociedades, y que denuncian la fractura del sistema y la consiguiente exposición de las personas, por lo que son calificados como “antisistema” o “radicales peligrosos”. Desde un punto de vista radical – el mío – tienen razón en esta denominación: el “Sistema”, configurado como una estructura enfocada a la Gestión del Malestar y despreocupado del Estado del Bienestar, no me gusta y no me interesa.
La secuencia de cambios y mutaciones en la humanidad no tiene por qué ser evolutiva (entendiendo por evolutivo, como que sigue una flecha de bienestar creciente y de extensión de la dignidad a todos los seres del planeta). Lo que estamos viviendo – no sólo en occidente – es una involución, que está empeorando y obstaculizando la resolución de los dos mayores problemas del planeta: la insostenibilidad y la desigualdad.
Un (sub)sistema que despoja la dignidad de sus ciudadanos, pero ocupado en auto-perpetuarse como mecanismo de designación de las prioridades sociales, y que se ha auto-erigido como máxima preocupación de sí mismo. ¿Es esto lo que queremos? Podemos cambiarlo.

¿Un angel exterminador?

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“Sistema político según David Easton” by User:Libertad y Saber – A Systems Analysis of Political Life. Licensed under GFDL via Wikimedia Commons – https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Sistema_pol%C3%ADtico_seg%C3%BAn_David_Easton.svg#/media/File:Sistema_pol%C3%ADtico_seg%C3%BAn_David_Easton.svg

El sistema político  es un sistema complejo dentro de la sociedad.  Como todo sistema complejo, su pretensión consiste en simplificar una mayor complejidad de su entorno – la sociedad -, con el objetivo de gestionarla de acuerdo con unos fines pactados entre los integrantes de esta sociedad.

La racionalidad del sistema consiste en que el Estado, dentro del subsistema político de la sociedad, asume los fines definidos por esta sociedad, dentro del objetivo del bien común; de esta forma, el bien común se convierte en la “razón de estado”. Esta definición de los fines – hecha entre todos con las herramientas del sistema democrático – no es unánime, ni armónica, ni concordante, luego solo puede ser problemática, turbulenta.

En este sentido, la lógica de funcionamiento del sistema político, solo puede incluir el conflicto como mecanismo de relación: las estructuras del sistema político solo pueden ser problemáticas, porque recogen las tensiones del entorno (los distintos fines de los entes sociales), con el objetivo de definirlas, gestionarlas y resolverlas según el mejor bien común.

Lo que esperamos entonces de los actores del sistema político es una gestión que incorpore esas turbulencias con el objetivo de definirlas y gestionarlas hacia una regulación armónica. No es esto lo que estamos viendo:

Estamos viendo en directo, en televisión, la incapacidad de los grupos para empezar a gestionar esta complejidad. Como en la película de Buñuel, El angel exterminador, pero a la inversa, vemos a los grupos incapaces de entrar a una sala, sentarse a una mesa, sacar sus anotaciones con sus propuestas políticas y poner en marcha una dinámica de grupo para conseguir una línea política que maximice la consecución de las propuestas escogidas por los ciudadanos en las elecciones.

No es algo de extrañar en el grupo del PP, que ha demostrado sobradamente anteponer sus intereses propios por encima de los intereses ciudadanos, además de su incapacidad provebial para el pacto y  para el diagnóstico de la acción política como gestión del conflicto. Y para qué hablar de su papel como estructura podrida.

Pero la presencia de este “angel exterminador” en los ánimos del parlamento es bastante desazonadora para los ciudadanos, que vemos  con desagrado y sorpresa como los escogidos para la gestión natural del conflicto político se demuestran incapaces. Si hay nuevas elecciones, debería estar prohibido que se presenten los mismos candidatos.

Quizás lo oportuno sería encerrar a los congresistas en la sala y que, como en El angel exterminador, pero obligados por la ciudadanía, se vieran obligados a suspender todos sus proyectos vitales (incluyendo el cobro de sus sueldos), encerrados en el Congreso, hasta que diriman el próximo gobierno y sus líneas de actuación.

La Economía Colaborativa. Un esbozo

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La economia colaborativa.Un esbozo
La Economía Colaborativa es un término para delimitar un nuevo campo de análisis del comportamiento social y económico, que se superpone a los ya existentes como una capa adicional.
El término se aplica a las iniciativas basadas en las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y las bases de datos relacionales, que permiten la relación – económica o altruista – entre personas, interactuando de forma horizontal (peer to peer) y masiva.
Este esbozo pretende recorrer en un rápido vistazo las facetas que componen este campo: El Consumo Colaborativo, las Finanzas Colaborativas, el Conocimiento Abierto y la Producción Compartida.
El objetivo: asumiendo que “mirar una cosa es actuar sobre ella”, consiste en sugerir elementos de análisis y controversia, que ayuden a delimitar y clarificar las estructuras y los actores que participan en este “nuevo juego social”.

Dada su “relativa extensión” como documento en línea, lo anexo como archivo pdf, para mejor descarga y visualización.

Joaco Alegre
Licencia Creative Commons
La Economía Colaborativa. Un esbozo. por Joaco Alegre se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional.