La música colaborativa

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Chris Hakkens at http://flickr.com/photos/39072523@N02/4635910299. cc-by-2.0.

 

He “descubierto” en la radio (Radio Clásica – RNE) una versión excepcional de una pieza famosa. Se trata de “A remark you made”, compuesta por Joe Zawinul, e incluida en su disco de Weather Report “Heavy Weather”. Una pieza extremadamente bella.

 

La versión extraordinaria está realizada por Kurt Elling, que en un homenaje muy arriesgado, hasta ha dotado de letra a la canción original, sustituyendo con tremenda exactitud “la parte del saxo” de Wayne Shorter. La versión también es bellísima. Aunque no entendía del todo la letra, es una despedida cariñosa – “It’s time to say goodbye” la ha denominado Kurt Elling -.

He ido de la versión original, a la versión cantada de nuevo varias veces, y la fidelidad y el efecto es asombroso, cómo Elling “canta” el saxo de Shorter con su letra.

La verdad es que he oido esta cancion centenares de veces, desde la primera vez que me grabé el disco en casa de Pedro Sanz, que se lo habia cogido a su hermano mayor, en el año 1977.  ¡Todo el disco “es una pasada”!(Sigue siendo una pasada), pero siempre me fascinó especialmente este tema. Cómo consiguen extraer de”un comentario que hiciste”,  tanta belleza; cómo desde cada instrumento colaboraban en apostillar esta bella melodía, cada uno a su manera, todos solos, pero ninguno solo, desde su sabiduria y sentimiento, enhebrando una bóveda sutil, enorme, una catedral armónica y suave con 4 instrumentos, cuya clave de bóveda queda apuntada por el saxo de Wayne Shorter (como en tantas canciones…).

Oir musica y pensar en otra cosa es un placer especial. Después de oirla varias veces – ambas versiones, varias veces versioneadas en YouTube, a su vez – pensaba emocionado y transido que seguro que músicos como Bach o Haendel habrían apreciado esta música bella sin tiempo (o sea, de todos los tiempos).

– “Ahora no tenemos la suerte de tener a un Bach o Haendel componiendo” – pensaba -, ¿o sí? – Los melómanos diletantes no tenemos elementos de juicio para saberlo ( y nos da igual: nos sobra con lo que hay).

Pero podemos tener algo mejor: la Música Colaborativa. Dicen que el jazz es una música de improvisación. El que piensa que el jazz se improvisa es que no ha asistido a ningún buen concierto. El jazz, como la música, como el lenguaje, encuentran en la actitud  colaborativa el medio para alcanzar la sabiduría. partiendo del conocimiento, los sentimientos y las actitudes de cada uno, incluso de los oyentes. Los músicos tejen una red expresiva en la que la cualidad necesaria es la interacción: es de la interacción de donde surge (van sacando los músicos) la belleza efímera en un presente insustituíble (como todos, por otra parte).  Hay un elemento adicional a la “mera improvisación”: las melodías, los ritmos, las variaciones que nacen de la interacción, de la sugerencia mutua, como elementos emergentes en el hecho musical. Hasta los musicos “asisten”sorprendidos al surgimiento entre ellos de esos nuevos caminos melódicos y rítmicos, que rompen las fronteras de lo ya oído, provocando una bella tensión en los sentidos, entre lo conocido y lo recién alumbrado.

No sé explicarlo bien, pero espero que escuchando esta bella canción – en todas sus versiones – queda más claro. (Oir a muy alto volumen, por favor).

La version original de Weather Report

La versión de Kurt Elling”Time to say goodbye”.

La identidad de Catalunya no puede amenazar la identidad de los catalanes

Id-éntico es aquel ente que es igual a otro (identitas: de idem – lo mismo -, y ente – lo que es o existe -). Dejando en el bolsillo el Documento de Identidad (que nos clasifica dentro de una categoría de seres idénticos, o sea con similar entidad), podemos decir que la identidad de las personas, de cada ser humano, radica precisamente en su naturaleza humana, cada uno con sus propios rasgos  personales, y donde podemos reconocer indisolublemente la dignidad que tenemos cada persona.  Esta dignidad es reconocida, no otorgada. Pertenece intrínsecamente al ser. Formulando la dignidad como el reconocimiento de una serie de derechos a entes de categoría idéntica, en el caso de los seres humanos este auto-reconocimiento nos engloba a todos los participantes de idéntica categoría: la humana (la identidad humana). Esto es: cualquier derecho o atribución que nos auto-asignamos los humanos queda automáticamente extendido a toda la especie, precisamente por nuestra (redundante) identidad común (y sin perjuicio de la dignidad de los otros entes de la naturaleza, obviamente).

La construcción de la identidad de Cataluña está amenazando la identidad de los catalanes. La contradicción es solo aparente, y se resuelve retornando a la etimología de la palabra identidad. Ahora, un grupo numeroso de catalanes quieren dotar a Cataluña (un ente) de una identidad estatal europea. Esto es, que el ente Cataluña sea idéntico a otros estados de Europa. Esto quiere decir que, dejando aparte los rasgos propios de entes idénticos, mantenga rasgos comunes (identificables) con el resto de estados europeos, como los subsistemas político, económico, legal  y de derechos sociales y personales que los identifican.

Pero esta iniciativa está lastrada, de un lado, por que en este proceso unilateral se violenta la identidad de muchos catalanes, sustrayendoles una parte de su dignidad (su capacidad de decidir y obrar) recogida expresamente en el cuerpo legal (que para eso sirve, entre otras cosas). Por otra parte, cuando instancias españolas externas a Cataluña niegan a los humanos de Cataluña su capacidad de decidir y obrar (su derecho) también están atacando su dignidad y por tanto su identidad como seres humanos, como españoles.

Al final vemos que, como ocurre muchas veces, las cuestiones de identidad se pueden resolver teniendo en cuenta que es precisamente la identidad la que nos confiere a todos la dignidad. ¿A quién se la negarías tú?

Un saludo cambia el mundo

La comunicación es un elemento imprescindible de las sociedades humanas: es precisamente la herramienta que configura el sistema social. Casi todos nuestros  actos son acciones de comunicación: todas las que realizamos entre varias personas, y muchas de las que hacemos en soledad. Escribir un libro, por ejemplo.

La comunicación, como el resto de acciones humanas puede ser un acto de amor o un acto de guerra. La realidad no es tan drástica, y ofrece matices, pero no quiero despistarme del objetivo. La diferencia entre actos de amor y guerra consiste en que los actos de guerra nos separan del mundo, de los otros, los despojan de su dignidad, previamente a su destrucción, mientras los actos de amor nos unen al mundo, nos implican con los otros, reconociendo su dignidad e incitándonos a trabajar por ellos y su bienestar.

Unas recientes investigaciones antropológicas han sugerido que el origen del lenguage está en la colaboración entre homínidos para la caza o la batalla: una suerte de sonidos guturales como  elementos de coordinación para la acción colaborativa, ya sea de amor – de supervivencia de la tribu -, o de guerra. También sabemos que las parejas en la intimidad desarrollan su propio lenguage que les ayuda a mantener y ampliar la ternura y la complicidad. La comunicación es una herramienta. La misma mano puede tirar la piedra y esconderse, como acto de guerra, y acariciar como acto de amor, al que despuès sigue todo el cuerpo. Comunicación para la acción cariñosa o beligerante.

El primer acto de comunicación en un encuentro – fortuito, o no – es el saludo. Y también puede ser cariñoso o beligerante. El saludo puede constituir el primer acto de afecto, de reconocimiento de la dignidad en nuestra relaciones personales o profesionales. El saludo es el deseo de mutua salud, pero puede ser mucho más. Puede ser la primera oportunidad de crear un sustrato de complicidad y confianza. El trabajo por la dignidad ajena no solo es saludable, consituye un acto de sanación mutua que nos hace poderosos y sabios. La mecánica cuántica nos ha demostrado que mirar un hecho supone condicionar su desarrollo, pero actuar sobre él implica cambiar el mundo, al tiempo que cambiamos nosotros.

La suma de todos los actos de comunicación da como resultado la cultura de una sociedad. Y ahí contamos todos, participamos todos. Quizás los artífices culturales y científicos ensanchan su campo, pero entre todos configuramos su cualidad como marco y soporte de nuestros actos, tejido donde cobran significado y valor nuestras acciones.

Ahora tenemos una colección de saludos, recogidos en 87 encuentros cariñosos y muy interesantes. Compendio valioso de actitudes y comportamientos de personas que cambian nuestro mundo, nuestra cultura, nuestra sabiduría. 70 apretones de mano y 17 besos y abrazos para iluminar una vía de refuerzo personal y profesional, de empoderamiento social.

No perdamos la oportunidad de recorrer un camino de sabiduría: hagamos nuestra propia colección de buenos saludos.

Y para empezar el camino, un mapa privilegiado: el precioso libro de Belén y Juan Ramón: El coleccionista de saludos.

El partido termita

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By CSIRO, CC BY 3.0 Workers of the drywood termite Cryptotermes domesticus sitting on Pinus radiata.

Las termitas son unos insectos curiosos. Aunque no están emparentados con las hormigas, comparten con ellas su sistema de organización basado en castas y su persistente productividad.

Los que trabajamos en la madera, conocemos además una cualidad sobresaliente de las termitas: sus conocimientos de ingeniería. Me explico:

Las termitas viven de la celulosa contenida en la madera, pero no viven en ella. Viven en nidos subterráneos, y utilizan la madera como un campo del que extraen su alimento. La viguería de madera de un edificio es, por tanto, un campo privilegiado para extraer alimento. Todos los días van a “trabajar” excavando galerías (incluso en los muros) y se van alimentando de la madera de las vigas, vaciándola por dentro. Como huyen de la luz, nunca salen al exterior, por lo que el aspecto de la madera por fuera es impecable.

Y aquí se da el efecto curioso: las termitas van comiendo las vigas hasta que “detectan” que la estructura de madera está cerca de su punto de rotura. En ese momento, se retiran y buscan otra fuente de alimento.

Las últimas noticias del Partido Popular nos recuerdan este tipo de comportamiento: hemos visto como en los últimos años han socavado la estructura del estado del bienestar y minado muchos de los organismos donde “trabajaban”, corrompiendo las estructuras económicas con la inestimable ayuda simbiótica de muchos empresarios.

La retirada de Rajoy, junto con las últimas detenciones e imputaciones, quizás nos indican que – al igual que las termitas – están detectando que se acercan al punto de rotura de la viguería institucional: no sólo se trata de dirimir en esta legislatura todos los juicios de corrupción popular en marcha, sino que las señales de humo de Davos, indican que viene otro cataclismo financiero que puede acabar de desmontar los frágiles andamios de nuestro sistema social.

Soberanía y dignidad

Según el diccionario, la soberanía consiste en el “ejercicio o posesión de la autoridad suprema e independiente”.Pero, ¿qué es la “Soberanía monetaria”?

Convenimos en que el dinero es una herramienta que cumple 3 funciones: Medio de intercambio, escala de valor y depósito de riqueza.

Podemos precisar que se trata de una “herramienta conceptual”, dado que su utilización para estas funciones depende del asentimiento explícito de sus emisores y usuarios, y no de sus cualidades intrínsecas como objeto. Distinto de, por ejemplo, el objeto “martillo” que -independientemente del acuerdo de uso que establezcamos – se adapta perfectamente a la función de herramienta para clavar clavos. Precisamente por esta variedad conceptual hay muchos tipos de monedas.

El dinero es un medio de intercambio, en el sentido de que permite completar las acciones y convertirlas en transacciones: si Carpanta me entrega un pollo, yo podría devolverle medio, darle un abrazo y/o pagarle 5 euros, entre otras opciones.

Es una escala de valor porque permite la comparación de productos y servicios heterogéneos, como las peras y los ordenadores.

Y es un depósito de riqueza porque su acumulación permite diferir las decisiones sobre adquisiciones de bienes y servicios hacia el futuro, en vez de tener que realizarlas inmediatamente después de entregar los nuestros.

Pero tiene otra función adicional, que viene derivada de las funciones primeras (medio de intercambio y escala de valor) y de su imbricación en un sistema complejo como es el sistema económico mundial: el dinero constituye la unidad de información del sistema económico.

La información es precisamente la unidad de “construcción” que permite configurar cualquier sistema humano. De esta manera, podemos definir la complejidad de un sistema en función de la cantidad de información que contiene y que le sirve de estructura y esqueleto. Pero la diferencia entre el dinero y cualquier otro tipo de información consiste en que, mientras la información “intelectual” es un bien no rival (su consumo por parte de una persona no disminuye su disponibilidad para el resto), el dinero funciona  como un bien exclusivo (lo que es mío no es tuyo). De esta manera, se pervierte su aplicación como herramienta de información del sistema, y da pie – entre otras muchas incoherencias – a que podamos oir simultáneamente a muchos analistas decir sin pestañear: “Las bolsas bajan a causa del desplome del precio de petróleo” y ” Las bolsas suben a causa del desplome del precio del petróleo”.

El motivo de la incoherencia es simple: el paradigma que relaciona el tipo de interés (o sea, el precio del alquiler del dinero) con el “riesgo” puede servir para un análisis simple, pero no sirve en un sistema complejo. En los sistemas complejos la información puede ser aportada por cualquiera de sus elementos, en lo que constituyen las operaciones del sistema. Esta capacidad es lo que podemos denominar soberanía monetaria (= soberanía informativa en el sistema económico) y ha sido capada en nuestro sistema financiero. A esto le añadimos el oscurantismo en los mecanismos de generación del dinero y ya tenemos un río bien revuelto en el que sólo pescan algunos.

Las monedas complementarias de crédito mutuo, carentes de tasas de interés y basadas en la soberanía monetaria de los ciudadanos, desmontan esta paradoja perversa: el dinero – emitido y transmitido de forma transparente – recupera su función informativa y transaccional, a disposición de todos. Reforzando nuestra dignidad y  conocimiento. Nuestra sabiduría.

Colección de obviedades

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Imagen por cortesía de http://copyrightuser.org

La soberanía reside en el pueblo. Los partidos políticos ejercen la representación de esta soberanía en la acción política. Esta representación de la soberanía no es una sustitución de la soberanía. Precisamente, la representación de la soberanía, se realiza en la práctica mediante el voto al Programa político (programa electoral) de cada partido presentado a las elecciones. Lo que escogen los ciudadanos son los partidos políticos para que éstos realicen los programas políticos ofrecidos, y no para cederles en bloque e incondicionalmente la soberanía ciudadana. Es el Programa Electoral el que vincula la acción de los partidos con la soberanía de los españoles, aunque algunos de aquéllos actúan eludiendo este axioma, y sustituyendo nuestra soberanía por su arbitrariedad en la acción de gobierno.

Esto viene a cuento de los pactos post-electorales que se avecinan. Una vez conocidos los resultados, se sigue sosteniendo por parte del Partido Popular que debe gobernar la lista más votada. Y esta idea es simplemente una falacia: lo que votamos – dentro de nuestro ejercicio de soberanía -, no es para que gobierne la lista más votada; si así fuera, simplemente estaría recogido en la ley electoral. Votamos a los partidos para que ejerzan la acción política de acuerdo con sus programas electorales. Si un único partido tiene suficiente mayoría para gobernar – dado que su programa y candidatos han sido apoyados por la mayoría de los electores -, podrá llevar a cabo su programa político, dado que contiene las medidas votadas por la mayoría de los electores. Pero si no hay partidos políticos con mayoría directa de gobierno, lo que debe establecerse es una acción de gobierno para poner en marcha las medidas apoyadas por la mayoría de los electores. Lo que podríamos llamar el “máximo común denominador” de los programas.

Dos ejemplos desde el punto de vista práctico:

  1. Si una medida como la derogación y sustitución de la ley de educación de Wert ha sido propugnada e incorporada por partidos políticos que suman más de 15 millones de votantes (Psoe, Podemos, Ciudadanos e IU, 60,27%), frente a algo más de 7 millones del PP (28,7%) que pretenden su mantenimiento, es evidente que el gobierno nuevo debe derogar esa ley, atendiendo a la voluntad de la mayoría de los votantes.
  2. Si la misma mayoría ha votado afirmativamente a un cambio en el articulado de la constitución, es evidente, que el nuevo gobierno tiene que atender a ese criterio de la mayoria de votantes que manifiesta la voluntad de que se cambie la constitución.

Quizás la preferencia por la lista más votada a la hora de iniciar los contactos para la formación de gobierno pueda ser una cuestión tanto de cortesía como de orden práctico, pero no podemos permitir las elucubraciones que intentan sustituir nuestra soberanía, cuando lo único que les hemos encargado explícitamente es representarla.

El primer paso, por tanto, consiste en la comparación (una tabla comparativa, fácilmente realizable en una hoja de cálculo) de las medidas de los programas electorales y su apoyo por los españoles. Hay medidas coincidentes, ampliamente votadas,  directamente compartidas. Y otras de mayor o menor similitud -a veces en la redaccion -, que éstas sí deberán ser homologadas por los partidos en una negociación, que extraiga lo más común de ellas a todos los votantes, hasta configurar un programa legislativo.

En una fase posterior, se podrá escoger al gobierno que implemente la ejecución de estas medidas.

Quizás este proceso conlleve mayor, esfuerzo, atención, estudio y dedicación de nuestros representantes, pero están ahí para eso.

Cotilleos Yihadistas

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Hoy hemos visto una “noticia” curiosa en La1: “El Tribunal Constitucional podría derogar el decreto del Parlamento de Cataluña”. Yo no estudié periodismo, y desconozco las líneas maestras del rigor profesional, pero, por si acaso va y me convierto de golpe y porrazo en avezado reportero, me apunto a esta construcción periodística avanzada con otra “noticia”: “El presidente del gobierno podría estar acostándose con su esposa”. (En ambos casos, también podría no hacerlo, con lo cual duplicamos la producción potencial de noticias: ¡viva la productividad!).
Aquí ya estoy en un terreno que domino: el cotilleo. (Algunos lo llaman curiosidad). De hecho, puedo añadir que echo en falta un poco de cotilleo en las noticias referidas al Estado Llamado Estado Islámico (ELLEI). ¿Qué a qué me refiero? Pues que, mientras los periodistas profesionales de los medios audiovisuales están muy ocupados filmando los exteriores de la Sala Bataclán, con todo el rosario de acciones de recuerdo emotivo de los asesinados por el ELLEI, y persiguiendo al presidente de Francia en sus viajes para buscar apoyos a fin de hacerlo desaparecer, a mí me gustaría que algún profesional del cotilleo, me informara de 4 aspectos sobre el ELLEI, y su pretendida aspiración de ser un “estado”:
– El producto y la renta
– Las finanzas
– Los aprovisionamientos armados
– La caracterización sociológica de sus habitantes.
En verdad, de este último aspecto sí que he recibido algún cotilleo en las noticias, explicando su brutalidad, sus orígenes entre el depuesto ejército irakí y otras milicias de la zona, y la tarea de captación que hacen en los países occidentales a través de las redes sociales.
Sobre las otras tres, tengo un desconocimiento total, Y me pregunto:
El producto y la renta
¿Qué produce el ELLEI? ¿Es un estado autosuficiente? ¿Produce por sí mismo sus alimentos, el equipamiento de sus hogares? ¿Los automóviles, los medios de transporte? ¿Tiene industria? ¿De qué tipo? ¿También desarrollan ellos mismos su maquinaria industrial? ¿Y los equipamientos comerciales, las redes de internet? ¿También producen ellos su propio hardware/ software?
En caso de que no produzca alguno de estos elementos, ¿los importa? ¿Por qué canales? ¿De qué industrias? ¿Cómo se llaman sus proveedores de tractores u ordenadores? ¿Quiénes son los propietarios de estas empresas proveedoras?
¿Y las exportaciones? ¿Es exportador de algún producto o servicio? En ese caso, ¿cómo lo vende en el exterior? ¿Por qué canales? ¿Qué empresas del ELLEI son exportadoras? ¿Qué empresas les compran? ¿Quiénes son sus propietarios?
Al parecer, tienen petróleo, en pozos de petróleo situados en la zona conquistada. ¿A qué empresas se lo venden? ¿Qué buques petroleros lo cargan?¿dónde lo descargan? ¿Cómo se llaman los propietarios de las empresas que lo compran? ¿En qué países viven? ¿Qué más inversiones tienen?
Las finanzas
Entiendo que deberán utilizar dentro de su estado su propia moneda. Pero en el caso de que tengan transacciones e intercambios con el exterior, ¿en qué moneda se realizan? ¿En qué cámaras se compensan? ¿Quiénes son sus interlocutores, que les intercambian divisas? ¿Qué intermediarios bancarios utilizan para esas transacciones financieras? ¿De qué países son? ¿Quiénes son los propietarios de estas entidades financieras?¿Qué más inversiones tienen?
Los aprovisionamientos
Estoy pensando especialmente los aprovisionamientos para la guerra. Hemos oído que llevan Kalashnikov (en sus atentados en Europa) y disponen de armamento pesado en su zona de influencia entre Siria e Irak. ¿Qué tipo de armamento y de qué “marcas”?¿Qué empresas fabrican el armamento? ¿Quiénes son los dueños de esas empresas? ¿Venden directamente al ELLIE? Si no es así ¿A qué clientes venden esas empresas, susceptibles de revender armas? ¿Quiénes son los dueños de esas empresas revendedoras? Estos dueños,¿ tienen también más empresas relacionadas con la industria de guerra? Estoy pensando en que, por ejemplo, sean dueños también de empresas de medicina, con lo que podrían vender servicios médicos a los heridos. O que tengan empresas de construcción, que se dedican a reconstruir lo bombardeado y destruido. ¿Hay holdings especializados como Halliburton, que capitalizó las inversiones de reconstrucción de Irak? ¿Quiénes son sus propietarios?

En fin, que tengo muchas dudas sobre esta gente, y no encuentro ningún periodista de los medios audiovisuales que me las aclare. Quizás algún cotilla…

La economía colaborativa: un salto cuántico

Rachel Botsman define la Economía Colaborativa como “Una economía basada en redes difusas de individuos y comunidades conectados, frente a instituciones centralizadas, transformando la manera en que podemos producir, consumir, financiarnos, y aprender”(1) .
La persistencia de esta corriente, en mi opinión, podría desembocar en un Sistema de Economía Colaborativa como eco-sistema deseable, derivado de la modificación de carácter disruptivo de las infraestructuras sociales, políticas y económicas de buena parte del planeta. Esta modificación vendrá por un cambio en el concepto y uso social de la libertad. Y se deberá a una alteración de la relación interpersonal – no solo en el ámbito económico – debida a la descentralización y desintermediación producidas por la información en red, que cambiará los sistemas de pensamiento y provocará efectos en muchos campos de la sociedad: el conocimiento, la cultura, la producción, el consumo, las finanzas y medios de intercambio, la prestación de servicios profesionales y la estructura de las empresas.

Economía Colaborativa versus Economía Competitiva
Creo que no podemos hablar todavía de Economía Colaborativa como un Sistema Económico, definido por oposición a la “Economía Competitiva”, que caracteriza los regímenes económicos capitalistas y comunistas. La diferencia estriba en que el sistema de economía competitiva – tanto capitalista como comunista – basa su estructura productiva en un cuerpo de decisores concreto y restringido que toma las decisiones de producción (2) y el sistema de economía colaborativa basa su relación y estructura en un contrato social distinto sobre los medios de producción, con otras reglas de relación, que llamamos Procomún (Commons, en inglés). El concepto de Procomún no es nuevo – tiene varios siglos -, pero el desarrollo de la economía en red, permite su redefinición y adaptación, al no estar ya limitado por restricciones geográficas y haber quedado desbordadas las limitaciones legales por las tecnologías de información y comunicación. Los procomunes colaborativos están constituidos por comunidades de “geometría variable”, donde cada individuo tiene capacidad de decisión autónoma y directa sobre la aportación y utilización del procomún. Adicionalmente, las iniciativas colaborativas no son solo mercantiles o estatales, más bien al contrario: propenden a la apertura de espacios de acción y relación – infraestructuras – no mercantiles ni estatales, superpuestas y coincidentes con los escenarios productivos estatales y mercantiles tradicionales, con la ambición no oculta de sustituir suavemente algunos de estos actores.
Las iniciativas de Economía Colaborativa, aisladas pero en gran crecimiento, no constituyen por sí mismas – todavía – un Campo de Fuerza social donde quedaran patentes y públicas estas nuevas reglas de relación: estas actividades, aunque generalizadas y con gran difusión, simplemente coexisten en el Campo de Fuerza de la economía tradicional competitiva, subsumidas en él. Y el cambio, la nueva correlación de fuerzas hacia un entorno que podamos denominar “predominantemente colaborativo” se dará cuando las fuerzas resultantes en este campo social hayan mutado según nuevas potencias de pensamiento y actuación.

La Economía de la información en red
Si bien no hemos alcanzado una “Sociedad de Economía Colaborativa”, lo que sí podemos afirmar de las sociedades occidentales es que estamos viviendo en una Economía de la Información en Red (3), donde se promueven iniciativas colaborativas, que podrán mutar el sistema si consiguen una masa crítica suficiente (4) . En ese momento, la economía colaborativa, apalancada en la extensión del coste marginal nulo (5) sobre la producción de bienes e información, constituiría una evolución de la economía de la información en red, como mutación paulatina de una economía de producción centralizada y altamente asimétrica a un sistema económico de información, conocimiento, aprendizaje y producción difusos más equilibrado. Y aquí reside la piedra angular de dicho cambio: en cómo estas alteraciones modifican nuestro concepto y uso de la libertad.

Un concepto de libertad
Según Yochai Benkler, hablando de la economía de la información en red, “El conocimiento, la información y la cultura son cruciales para la libertad y el desarrollo humano”(6) .Dice el DRAE que libertad es la Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos.
Para desarrollar la idea de Benkler, presumo la libertad como un espacio vectorial compuesto de varias dimensiones, imbricado en el ámbito de relación del ser humano con su entorno. En cada circunstancia, la libertad en abstracto se convierte en dimensión concreta de la existencia, como es por ejemplo, la altura. Uno no es – o es – alto, sino suficientemente alto para alcanzar o vislumbrar algo, por ejemplo. De esta forma, veo la libertad como un grado, como el umbral necesario para alcanzar un objetivo vital, o para modificar la contingencia o necesidad de los hechos. Y puedo descomponer este vector de la libertad, como resultante de la aplicación de varias potencias interrelacionadas, como son la información, el conocimiento, la cultura – citadas por Benkler -, más el discernimiento, la capacidad y la decisión. De la aplicación conjunta de las potencias en cada tesitura, surgiría un grado de libertad concreto.
Esta descomposición es ficticia y por motivos analíticos, pues, al igual que la ciencia nos ha enseñado que la materia y la energía constituyen un continuo (7), esa misma continuidad es aplicable a las potencias en que descompongo la libertad para el análisis de la agencia humana. Podemos dibujarlas desagrupadas e interrelacionadas entre sí en el universo de la libertad como una interacción de potencias que resuelve de forma inseparable nuestras decisiones y acciones. Por otra parte, siempre contemplamos la libertad como una potencia individual, sin embargo, la observación de la libertad solo tiene sentido en el individuo inserto en un sistema: un ser único carecería de grados de libertad – al igual que un punto carece de altura – pero tampoco la necesita, dado que no tendría que administrar ninguna contingencia(8) : la libertad es un vector sólo necesario en el campo social.
Las fuerzas (los sujetos con nuestros “ámbitos de libertad”) que confluimos en el espacio social, condicionamos mutuamente el alcance de nuestros actos y pensamientos, nuestro grado – otorgado mutuamente – de libertad, de forma análoga a la interacción de los objetos del universo. Si observamos cómo la introducción de una fuerza magnética (un imán) en un montón de partículas metálicas es capaz de modificar el campo de fuerzas y la posición y disposición de la materia, de la misma forma, la introducción de ideas, voluntades y miradas sobre el campo social también pueden modificar los vectores de libertad de los usuarios. El campo social es también el campo de fuerzas donde se revelan y exhiben los distintos ímpetus de los ”jugadores”, con su menor o mayor poder.
Desde la Paradoja de Schrodinger sabemos que el ojo que mira condiciona el resultado del experimento a nivel cuántico: mirar una cosa es actuar sobre ella. Pensarla, compartirla y comunicarla, intentar modificarla, son impulsos adicionales que se aplican sobre ella, condicionando la resultante. Un efecto importante es que nuestra percepción también cambia al mirar, adaptándose a las mutaciones de los efectos observados: el resultado y el ojo están mutuamente condicionados.
Ahora también conocemos la existencia del Bosón de Higgs (la partícula de Dios), como determinante para el campo de fuerzas que constituye la masa de las cosas: la interrelación de la materia con los bosones de Higgs que la rodean es la que le confiere su masa. Podemos pensar que el campo social funciona de manera análoga: entre otros factores, nuestro grado de libertad depende también del concepto personal y social de la libertad, estando condicionadas nuestras ideas , actitudes y acciones por las miradas y agencias sociales sobre este concepto, en una suerte de “bosón de Higgs de la libertad”. Y aquí es donde se vienen observando los cambios.

"CMS Higgs-event" by Lucas Taylor

“CMS Higgs-event” by Lucas Taylor (9)

Un cambio económico: El capital intelectual
El primer cambio diferencial en la economía masiva centralizada hacia la descentralización se dio en el concepto de valor añadido: a las sucesivas capas de diseño, servicio, investigación, desarrollo, innovación, organización o mercadotecnia que se añaden al producto básico se les denomina valor añadido. Este valor añadido es aportado en su mayor parte por habilidades intelectuales. Progresivamente, a las destrezas físicas en la producción se añadían otras habilidades que tenían más que ver con la condición intelectual (10) . Esta revalorización de la importancia del conocimiento humano logra la reformulación del concepto de “trabajo”, que pasa a denominarse “capital intelectual”. (Dicho de paso, esta diferenciación es lo que permite la brecha creciente entre las remuneraciones de los “trabajadores” y los “capitalistas intelectuales”, y es realizada de forma arbitraria y subjetiva en muchas empresas).
Otro salto diferencial posterior en la configuración del espacio social se da gracias a la economía de la información en red, que posibilita la conexión real de una gran parte de la humanidad, con la obvia capacidad de advertir esta conectividad y la facultad de interrelación directa y sin intermediarios. La transmisión libre y sin coste marginal de información, cultura y conocimiento, permite la difusión del capital intelectual sin las rigideces discrecionales y restricciones impuestas por los propietarios del capital financiero, a la hora de valorar las aportaciones del capital intelectual a la producción. Muchas personas deciden compartir mutuamente – también con extraños – su capital intelectual de forma libre y fuera del ámbito mercantil o estatal. Esto provoca que el estrecho marco de las relaciones laborales y mercantiles en relación con la retribución del valor del capital intelectual quede desbordado por flujos conjuntos de capital intelectual (también mutado en capital cultural y social), circulando libremente y sin coste por la red.

Otro salto: Del capital intelectual competitivo al capital colaborativo
La paradoja aparente de la transición entre capital intelectual competitivo y colaborativo nos la resuelve de forma elegante Esko Kilpi: el capital intelectual se incorpora al mercado como una “sexta fuerza competitiva” en el esquema de Porter. Y como el trabajo intelectual es especializado, aparece un nuevo rol: la complementariedad. Esto lo hemos comprobado todos, por ejemplo, en los diálogos entre parejas de humoristas, que consiguen mayores cotas de ingenio en esta cooperación intelectual que trabajando a solas. Kilpi cita a Barry Nalebuff para explicarlo más gráficamente: “La gente valora más un perrito caliente cuando hay mostaza”. La economía de la información en red posibilita la extensión “multi-recíproca” de la complementariedad intelectual de forma explosiva, cambiando nuestro sistema de trabajo: parte de nuestra ocupación consiste en encontrar el capital intelectual complementario para el desarrollo de nuestra actividad. Y la forma de encontrarlo, pasa por exhibir y compartir nuestro conocimiento e información abiertamente (11) .
Una señal evidente del proceso de complementariedad intelectual en la web lo constituye la utilización del hipervínculo, que ha pasado por varias etapas en internet: desde la navegación juguetona en los 90’, pasando por la “subversión de las jerarquías”, hasta sus misiones actuales de conexión hacia las fuentes del pensamiento y de red de relaciones semánticas, incluso como metadatos.

De la economía masiva a la economía energética
Asimilando la actividad económica a principios físicos de nuevo: la economía centralizada competitiva está organizada en torno a una masa crítica, necesaria para la acción productiva: grandes estructuras centralizadas (masivas) como base de la producción de bienes y servicios para los seres humanos, atrayendo también por gravedad los recursos. Sabemos que en el sistema gravitatorio el poder de atracción (negociación) es directamente dependiente de la masa. En este paradigma, la “concentración de masa” la llamamos capital. Son, por tanto, los acumuladores del capital financiero los que – en un proceso de intercambio de su capital financiero por otros tipos de capital (12)- tienen acceso a la masa crítica suficiente para el establecimiento de actividades productivas e industriales, contratando los recursos (capitales) necesarios, bajo el principio de exclusión: los recursos productivos – los distintos tipos de capital – de la empresa tienden a la exclusividad y no compartición en un entorno jerarquizado y asimétrico de decisiones de producción.
Durante muchos años, la ventaja del capital financiero residía en su liquidez: la capacidad de circulación y transformación en otros tipos de capital con gran velocidad, favorecida por la desregulación financiera de los años 80. Esta extraordinaria y asimétrica fluidez relativa (frente a otros tipos de capital), junto con el curioso sistema de generación de la masa monetaria – cuya soberanía ha sido entregada a las instituciones financieras y especulativas privadas -, es lo que provocó la crisis financiera privada, resuelta con una crisis de deuda pública, en una constatación palmaria de la asimetría decisora tanto en el ámbito público como el privado (13) . Ahora, gracias a la economía de información en red, esta fluidez no es una cualidad exclusiva del capital financiero. Y sin duda la constatación general de la incertidumbre económica individual ha acentuado el enfoque de muchas personas hacia iniciativas colaborativas.
La economía de la información en red pone en marcha otro paradigma: la configuración de las redes sociales de información, conocimiento, consumo y producción, al principio muy centralizadas (14), hace innecesaria la “masa crítica”: los individuos compartimos -podemos compartir con total fluidez – nuestra energía productiva (capital humano, intelectual y social, y parte del capital comercial e infraestructuras) de forma directa (15) . Al igual que la energía – que fluye en forma de ondas a gran velocidad, en cualquier dirección, y se concreta en partícula al interactuar con la materia –, los seres humanos podemos poner en común e interrelacionar nuestras potencias en un ecosistema adhocrático de pactos no jerárquicos, basados en el procomún, en los que nuestra cesión de soberanía – sobre los rendimientos de nuestras acciones, pero también sobre nuestra implicación social, laboral, mercantil y personal en manera y cantidad – es explícita, voluntaria y matizada. Ya no necesitamos cesiones incondicionales e imprecisas (normalmente asimétricas) de soberanía a ciertas instituciones públicas o privadas, en aras de equilibrio social (o “productividad”). En este sentido, la reasignación de la soberanía y el poder de conocimiento y decisión hacia el individuo se acerca a una estructura más anarquista (o liberal libertaria, como la llama Y.Benkler (16) ).

"Internet map 1024 - transparent" by The Opte Project

“Internet map 1024 – transparent” by The Opte Project (17)

El refuerzo personal en el cambio de paradigma
Esta reorganización y difusión del poder – de la libertad – en la sociedad y los mercados, desde las empresas e instituciones políticas hacia los individuos se denomina “empoderamiento personal” por los expertos (como derivación del “empowerment” inglés). Prefiero la palabra “refuerzo” que a su significado de vigorización o fortificación, añade el sentido psicológico de “estímulo del comportamiento”.
El refuerzo individual, consecuencia de cambios en el campo social hacia un sistema de economía colaborativa, solo puede ir en detrimento del poder acumulado por otros agentes sociales. Aquí la resistencia al cambio dependerá de la “Gravedad Institucional” de cada organización. La gravedad institucional en los sistemas sociales vuelve a ser una resultante del tamaño, posición, energía potencial (exposición a la obsolescencia tecnológica y organizacional) y energía cinética (ostentación de privilegios – como externalidades no equivalentes al bienestar social aportado al sistema (18)– productos de la inercia). Pero también cuentan los bosones de la libertad individuales – las miradas conscientemente libres – campando y observando por el campo social con otro sentido de la libertad, condicionando con fuerza creciente este espacio social.
La divulgación del entorno colaborativo permite la observación compartida, concentrada y simpática (en su doble sentido psicológico y físico  (19)) y ayuda a la disgregación de las resistencias institucionales en el campo social. En un proceso de expansión gradual, tiene que ser de gran importancia el alumbramiento y proyección de los argumentos de la economía colaborativa sobre el campo político, y no solo en la gobernanza de los ámbitos de la economía colaborativa. Estoy hablando de la oportunidad de plantear y estudiar abiertamente las regulaciones legales que incorporen de derecho el estatus colaborativo al sistema socio-económico, lo que ya viene ocurriendo de hecho. Aquí encontraremos especiales resistencias.

Resistencias al cambio I. Hacia el poder difuso
La primera (y principal) consiste en la autolimitación que deberán realizar instituciones estatales, cediendo poder y acción a los individuos auto-organizados, pero tutelando la “renegociación de las condiciones de libertad, justicia y productividad” (20) en la economía colaborativa. Los ejemplos que tenemos no son muy alentadores: referido a la regulación de las criptomonedas en Nueva York, por parte del Departamento de Servicios Financieros (NYDFS), Brian Forde nos indica que la tentación de burocratización en la propuesta presentada por parte del superintendente es enorme, en aras de una pretendida defensa del consumidor. Sin embargo, “Si la regulación se hace bien, además de aumentar la inversión en startups de divisas digitales, se creará puestos de trabajo y permitirá que los consumidores reciban servicios financieros de vanguardia, más rápidos y más seguros”.
Después de la regulación, otro paso simple pero no fácil: aplicar los sistemas difusos de economía de la información en red también a la gobernanza política y a la información y conocimiento en tiempo real de la gestión de las instituciones públicas. Esto no significa el gobierno asambleario, sino la responsabilidad directa y transparente de los gobernantes sobre las decisiones: escrutinio abierto sobre la res publica. Una vez implantado este mecanismo, los sistemas públicos de decisión tenderán a disminuir sus externalidades hacia estamentos privilegiados.

Resistencias al cambio II. Las corporaciones masivas
La segunda muralla de resistencia la constituyen los grandes grupos de presión, ergo, las grandes corporaciones, que pretenden mantener mercados y posiciones oligopolistas, ya sea por la inercia de antiguos monopolios naturales o gracias a oligopolios creados artificialmente mediante legislaciones ad hoc (como la regulación energética en España, por ejemplo). Un ejemplo evidente lo constituye el sector de la intermediación cambiaria de divisas, altamente especulativo y extractivo (por lo tanto, altamente ineficiente) que va a ser rápidamente puesto en obsolescencia por la irrupción de las cripto-monedas y otros sistemas monetarios estables de compensación. Este sector, que tuvo su ventaja competitiva gracias a la globalización restringida (21) (basada todavía en estructuras centralizadas de información, y por tanto necesitada de masa crítica – gran acumulación de capital – para su funcionamiento), será arrollado y sobrepasado por la economía de la información en red en el ámbito de las finanzas y los medios de intercambio, que hará la mayor parte de sus servicios innecesarios.
Otra resistencia (quizás más local) consiste en cierta inercia de clientelismo “victimista” propio de grupos de presión que se consideran con mayor autoridad moral para intervenir – a su favor – en la redacción legislativa, dado que son parte de los sectores afectados. Esta pretendida superioridad de interlocución de las “víctimas” la observamos en algunos ámbitos legislativos. Sin dejar de reconocer su importancia en la interlocución y estudio de soluciones, es obvio que la cercanía a un suceso no tiene porqué comportar mayor conocimiento, ni autoridad (o liderazgo) moral, ni tampoco que ésta sea sinónimo de superioridad intelectual o racional. La legislación debe alejarse de esta lógica clientelista, acercándose a un punto de vista meritocrático sobre las ideas legislativas: las ideas más meritorias deben prevalecer, bajo la premisa de la defensa de la dignidad de todos.

El fin del dilema colaborativo
Estamos atrapados en un planeta que pensábamos ilimitado, al que seguimos sin reparar las costuras abiertas del hambre, la desigualdad, la contaminación y el deterioro ambiental, las guerras y la explotación sin piedad de personas y recursos. La inercia de instituciones y poderes que hemos puesto en marcha, espoleadas por el espíritu competitivo y la codicia nos acerca peligrosamente al límite. Las estructuras centralizadas (masivas) tradicionales nos atrapan en un Dilema del Prisionero, en el que algunos juegan falazmente con ventaja, pues son a la vez carcelero y prisionero. Digo falazmente, porque no hay salida para unos pocos si el planeta se rompe.

By Christopher X Jon Jensen (CXJJensen) & Greg Riestenberg (Own work)

By Christopher X Jon Jensen (CXJJensen) & Greg Riestenberg (Own work) (22)

Gracias al Sistema de Economía Colaborativa, podemos dar un salto cuántico y resolver el dilema de forma lógica: con todos los prisioneros conectados y con igual grado de información, el dilema desaparece y la solución lógica del sistema es la cooperación.

Joaco Alegre
15 de mayo de 2015
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Notas:

(1)The sharing economy lacks a shared definition. Rachel Botsman.

(2) Ya sea privada o pública la propiedad, hay una cesión de soberanía tácita o explícita, por contrato u obligatoria, a una institución decisora, ya sea estado o empresa.

(3) Yochai Benkler. La riqueza de las redes. Ed.Icaria 2015 : “Gran parte del capital físico que integra la mayor parte de la inteligencia de la red está ampliamente difundido, siendo propiedad de los usuarios finales” (pag.66). …/…
…/…“Cualquiera que posea información puede conectar con cualquier otra persona que desee conocerla, y cualquiera que quiera dotarla de significado en algún contexto, puede hacerlo” (pag.68).

(4) Más que una “masa crítica” suficiente, sería necesaria su fuerza equivalente en “energía colaborativa”, pues, según mi tesis, el cambio fundamental de la economía colaborativa es la sustitución de la agrupación masiva de recursos obtenidos gracias al capital financiero, por el establecimiento de redes sociales difusas.

(5) The Zero Marginal Cost Society. Jeremy Rifkin. Pallgrave Macmillan 2014

(6) Y. Benkler. Op.cit.pag.35

(7) El matiz entre materia y energía consiste simplemente en la velocidad de su flujo, de tal manera que la materia sería como una forma de energía agrupada y lenta (demorada).

(8) No guru, no method, no teacher; Van Morrison

(9)  http://cdsweb.cern.ch/record/628469. Licensed under CC BY-SA 3.0 via Wikimedia Commons – http://commons.wikimedia.org/wiki/File:CMS_Higgs-event.jpg#/media/File:CMS_Higgs-event.jpg

(10) En el sentido etimológico de inte-llegere: leer entre las líneas de lo percibido para encontrar una opción más favorable

(11) Lo que constituiría indudablemente una suerte de “cortejo intelectual”.

(12) Los tipos de capital son: el capital comercial, las infraestructuras, el capital humano, el capital intelectual, el capital natural y el capital social. Jeffrey Sachs.

(13) Esta crisis supuso la escora y naufragio de la patera occidental, donde aquéllos pocos que la zarandearon se han quedado encima de la quilla mientras los demás chapoteamos en mar abierto. Podríamos decirlo así: el fin de las utopías sociales encarnadas en las burocracias pseudo-comunistas derrumbadas, provocó sucesivas borracheras de pseudo-liberalismo en occidente, cuya resacas simultáneas estamos sufriendo ahora, lo que nos empuja a utilizar “emplastos colaborativos”.

(14) Dado que su puesta en marcha se inició bajo las condiciones estrictas de la economía competitiva y ahora cada vez más descentralizadas

(15) Incluso podemos compartir el capital financiero fuera de los circuitos tradicionales centralizados mediante crowdfunding o crowdlending.

(16) Op.cit.pag.56

(17) Originally from the English Wikipedia; description page is/was here.. Licensed under CC BY 2.5 via Wikimedia Commons – http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Internet_map_1024_-_transparent.png#/media/File:Internet_map_1024_-_transparent.png

(18) Me refiero a externalidad como una forma de influencia sobre el equilibrio de un sistema, según el concepto de entropía: si concebimos la sociedad como un sistema que tiende al equilibrio entre la energía aportada por sus integrantes y el bienestar obtenido por ellos, la excesiva extracción de resultados por alguno de los integrantes solo resulta en la ineficiencia general del sistema, lo que obliga a los demás a acentuar su aportación en búsqueda del nuevo equilibrio.

(19) Simpatía: Relación entre dos sistemas por la cual la acción de uno induce al mismo comportamiento en el otro.

(20) Y. Benkler, Op. Cit. Pag. 62

(21) Me refiero a globalización restringida dado que el proceso de desregulación solo se aplicó al sector financiero, quedando el resto de sectores (comerciales, productivos) atascados en los acuerdos de comercio. Huelga hablar de “desregulación migratoria” (otro componente de la globalización).

(22) [CC BY-SA 3.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0)%5D, via Wikimedia Commons

Fe, solvencia y relajación

Solvencia y feFe, solvencia y relajación

La solvencia como concepto del sector financiero es un asunto de fe. No es casual la denominación del dinero actual como “dinero fiat” (dinero de fe).

La tarea a que se dedica el sector financiero es una estimación de la fe, es decir, de la solvencia (capacidad para devolver los préstamos) y su imagen especular, el riesgo. Esta tarea no es pequeña y, dado que su monoteísmo no les ha provisto de racionalidad infinita, este cálculo fideísta se torna un asunto diabólico; se trata de calcular las (des)variaciones con repetición de cinco sectores, tomados de cinco en cinco (ciudadanos, estados, bancoscentrales, bancos comerciales y empresas), pero a su vez micro-atomizados e interrelacionados (ciudadanos que son soberanos de estados y dueños de bancos centrales, y algunos son dueños de bancos y empresas, que se prestan y se venden y se remuneran entre ellas y a ellos, y se detraen impuestos que gastan mejor o peor, o desvían fondos a paraísos fiscales,etc.).

El trabajo de aquilatar las sucesivas derivaciones de la desconfianza/solvencia que deposita un elemento en otro y sus sucesivas y mil millonarias iteraciones en regresiones y correlaciones (somos siete mil millones de individuos), se vuelve una tarea incalculable, incluso inabarcable hasta para las privilegiadas cabezas que gobiernan las entidades financieras públicas y privadas. Pobrecillos.

El que la actividad financiera es un asunto de fe lo demuestra la “Relajación Cuantitativa” (Quantitative Easing, en inglés); en esencia consiste en el aumento de la oferta de dinero incrementando las reservas por parte de los bancos centrales. Los bancos centrales, propiedad de individuos vulgarmente solventes/insolventes – los ciudadanos – se inventan un dinero que, entregado a los bancos comerciales, “genera automáticamente” un aumento de la solvencia del sistema: ¡fascinante mecanismo de infusión de la fe!

Si hemos de creer a los expertos financieros y el mecanismo de revelación de la solvencia funciona de esta manera, dado que el riesgo quita el sueño a muchos, e incrementa el interés a muchos otros, quizás por ello se le ha otorgado el nombre: “relajación cuantitativa”. En este caso, no veo por qué no se puede actuar de forma racional elevando esta solvencia hasta su máximo posible; El método es simple: se trata de incrementar la relajación cuantitativa gradualmente hasta un importe que cubra el total de los préstamos de la banca en un momento dado, exigiendo de forma simultánea a ese aumento, un incremento del “core capital” bancario en el mismo porcentaje.

De esta forma, obtendríamos la solvencia máxima, en el momento en el que el core capital exigible a los bancos para sus operaciones de préstamo fuera del 100%. Evidentemente, no cabría mayor solvencia, aunque si seguimos aumentando la emisión de dinero, quizás ya no siga aumentando la relajación.

Teóricamente no supondría ningún aumento/disminución de la masa monetaria, luego el efecto sobre la inflación sería nulo, pero probablemente dejaría sin trabajo a una parte de la banca ( de la banca especulativa), en una relajante obsolescencia sobrevenida (que se ve venir).

Esto se llama crédito mutuo.

Por el monte las sardinas

Por el monte las sardinas

Los fantasmas y la deflación

La deflación es una bajada continuada de los precios de bienes y servicios, durante al menos dos semestres consecutivos. En España llevamos un año de bajada del IPC (-0,1%), con lo que en la práctica estamos en una leve deflación, aunque técnicamente no llevemos dos semestres seguidos.

Supongamos que la economía es una disciplina (una “ciencia”) como otras, y que la ideología queda fuera de las formulaciones teóricas lealmente esbozadas: va encontrando el ajuste fino (“fine tunning“) entre aciertos y errores. El caso especial de la economía radica en que los errores son padecidos por los ciudadanos,  y no todos lo sufren por igual. Muchos expertos que se consideran “ortodoxos” y que han propugnado durante los últimos años el ya popularmente denominado “austericidio”, ahora, comprobados sus efectos reales, cambian de acera y nos sacuden la matraca con la cantinela de la deflación, como el peligro al acecho a la vuelta de la esquina. “El fantasma de la deflación” es como lo citan periodistas avisados.

El riesgo provocado por la deflación que más les asusta – dicen – consiste en el incremento de la dificultad para pagar los préstamos contratados, dado que la bajada de los precios va provocando una espiral de iliquidez entre empresas e individuos que acaba afectando a la capacidad de pago de la sociedad. El desarrollo teórico de este riesgo podría ser el siguiente:

Supongamos una economía “ideal”,  en que hubiera un sólo prestamista (un banco, que emite el dinero) y un sólo prestatario (el cliente), que han convenido y firmado un préstamo de 1.000€, a una tasa del 1% de interés anual, por ejemplo. Si no se dieran más operaciones financieras a lo largo del año, al cliente le sería imposible la devolución del préstamo con los intereses (1.001€), dada la imposibilidad física de contar con esa cantidad de dinero (sólo se han emitido 1.000€). Esto significa, que para que el prestatario pueda devolver su préstamo, alguien debe generar inflación, en forma de emisión de nuevo dinero, independientemente de la riqueza creada, para que se puedan devolver los intereses. Esta necesidad es más acuciante si el interés es compuesto. Para resolverlo hay tres opciones:

– que el dinero lo genere el banco (igual que generó el préstamo inicial), y se lo vuelva a prestar al cliente para que éste pueda devolverle los intereses, aumentando así la deuda.

– que el dinero lo genere el cliente, lo que sería considerado falsificación de moneda.

– que el dinero lo genere el estado y se lo ceda al cliente (como transferencia o retribución) para que pague sus intereses.

Salvando esta tercera posibilidad que me he sacado de mi chistera keynesiana, el ejemplo nos está indicando que la inflación – el aumento de la masa monetaria, independientemente del aumento de la riqueza -, es necesaria para que se puedan devolver los préstamos financieros. Este es el motivo por el que algunos analistas ven un fantasma en la deflación, especialmente en un entorno recesivo, con pocas expectativas de generación de riqueza.

Volviendo a los hechos  económicos, en vez de situarnos en el terreno de las abstracciones, y poniendo el foco en los mecanismos reales, hay dos definiciones bastante simples en economías de libre mercado:

– Inflación es la subida de los precios por parte de los empresarios.

– Deflación es la bajada de los precios por parte de los empresarios.

Ya nos ilustraron profusamente Bresser y Nakano sobre los mecanismos macroeconómicos de la inflación, con sus elementos detonadores, aceleradores y sancionadores; pero en el análisis “micro” los fenómenos de inflación/deflación están constituidos por la suma de las decisiones individuales de los empresarios.

Las decisiones de los empresarios sobre los precios están afectadas por los factores Bresser&Nakano, que, sin duda, internalizan en su estructura y decisión de precios estos elementos externos. En la decisión/formación del precio, el beneficio entra como un coste (una magnitud) más, añadido a otros costes variables y fijos – reales o estimados -, como podrían ser los salarios. Esta decisión puede ser re-formulada en función de procesos de negociación y/o de entornos y expectativas, como nos señalan algunas teorías (Teorema de la telaraña, expectativas racionales, etc.).

Fijándonos ahora en la competitividad, podemos definirla como la posición relativa del valor (ojo: no digo precio) de un producto, en relación con sus productos sustitutivos. Indudablemente, un precio más asequible constituye una mejora en la competitividad de un producto. Si convenimos que la competitividad desagregada de una “economía” se basa en la suma de la competitividad de cada una de sus empresas, es fácil comprender que la disminución de un coste – como ha ocurrido con los salarios en la economía española  – debería implicar la disminución, ceteris paribus, del precio de venta, o sea, la deflación, lo que significa una mejora de la competitividad. Podemos, entonces, considerar la deflación como la demostración práctica de la mejora de la competitividad de las empresas españolas.

Si esto no ocurre – la deflación competitiva-, y no ha ocurrido hasta ahora, es que alguno de los costes que forman los precios está incrementándose en la misma cantidad en que los salarios han disminuido. El resto de costes que conforman el precio, además de los salarios,  son los costes de materias primas, costes de suministros y servicios exteriores (insumos) y los beneficios (que retribuyen también los costes de capital). Sabemos que los costes de materias primas e insumos industriales no han aumentado en el último año (indexmundi.com), al reves: han disminuido. Esto implica que lo que ha aumentado son los beneficios, ya sea como costes de capital ajeno o propio – repartido o reservado (aportado a reservas) -.

Otra cosa es que la disminución de los salarios acentúe la dificultad para devolver los préstamos que tienen los asalariados, pero esta circunstancia, al parecer, no ha generado inquietud en los analistas y financieros en estos últimos años de descenso salarial. ¿Dónde está el fantasma, entonces?

Respuesta: El fantasma, en esta ocasión, está en los aparatos del Estado – los Gobiernos -, que aparecen como un “tercer hombre”, haciendo de agente doble ante sus ciudadanos:

– Por una parte – en toda Europa – comportándose como Don Tancredo con la banca, mientras ceden la capacidad de generación monetaria a las instituciones monetarias, haciendo dejación de esta función para, acto seguido, endeudarnos irresponsablemente con estas corporaciones especuladoras (algo que ha empezado a debatir el Parlamento Británico a instancias del Banco de Inglaterra).

– Por otra parte, concretamente en España, segando la hierba bajo los pies de los asalariados, minando casi totalmente su capacidad negociadora en el reparto de las rentas generadas por la producción, entre el capital intelectual (salarios) y el capital financiero (accionistas), gracias a la legislación laboral regresiva.

Aquí, el fantasma no asusta: ¡asusta lo que tiene detrás!