Soberanía y dignidad

Según el diccionario, la soberanía consiste en el “ejercicio o posesión de la autoridad suprema e independiente”.Pero, ¿qué es la “Soberanía monetaria”?

Convenimos en que el dinero es una herramienta que cumple 3 funciones: Medio de intercambio, escala de valor y depósito de riqueza.

Podemos precisar que se trata de una “herramienta conceptual”, dado que su utilización para estas funciones depende del asentimiento explícito de sus emisores y usuarios, y no de sus cualidades intrínsecas como objeto. Distinto de, por ejemplo, el objeto “martillo” que -independientemente del acuerdo de uso que establezcamos – se adapta perfectamente a la función de herramienta para clavar clavos. Precisamente por esta variedad conceptual hay muchos tipos de monedas.

El dinero es un medio de intercambio, en el sentido de que permite completar las acciones y convertirlas en transacciones: si Carpanta me entrega un pollo, yo podría devolverle medio, darle un abrazo y/o pagarle 5 euros, entre otras opciones.

Es una escala de valor porque permite la comparación de productos y servicios heterogéneos, como las peras y los ordenadores.

Y es un depósito de riqueza porque su acumulación permite diferir las decisiones sobre adquisiciones de bienes y servicios hacia el futuro, en vez de tener que realizarlas inmediatamente después de entregar los nuestros.

Pero tiene otra función adicional, que viene derivada de las funciones primeras (medio de intercambio y escala de valor) y de su imbricación en un sistema complejo como es el sistema económico mundial: el dinero constituye la unidad de información del sistema económico.

La información es precisamente la unidad de “construcción” que permite configurar cualquier sistema humano. De esta manera, podemos definir la complejidad de un sistema en función de la cantidad de información que contiene y que le sirve de estructura y esqueleto. Pero la diferencia entre el dinero y cualquier otro tipo de información consiste en que, mientras la información “intelectual” es un bien no rival (su consumo por parte de una persona no disminuye su disponibilidad para el resto), el dinero funciona  como un bien exclusivo (lo que es mío no es tuyo). De esta manera, se pervierte su aplicación como herramienta de información del sistema, y da pie – entre otras muchas incoherencias – a que podamos oir simultáneamente a muchos analistas decir sin pestañear: “Las bolsas bajan a causa del desplome del precio de petróleo” y ” Las bolsas suben a causa del desplome del precio del petróleo”.

El motivo de la incoherencia es simple: el paradigma que relaciona el tipo de interés (o sea, el precio del alquiler del dinero) con el “riesgo” puede servir para un análisis simple, pero no sirve en un sistema complejo. En los sistemas complejos la información puede ser aportada por cualquiera de sus elementos, en lo que constituyen las operaciones del sistema. Esta capacidad es lo que podemos denominar soberanía monetaria (= soberanía informativa en el sistema económico) y ha sido capada en nuestro sistema financiero. A esto le añadimos el oscurantismo en los mecanismos de generación del dinero y ya tenemos un río bien revuelto en el que sólo pescan algunos.

Las monedas complementarias de crédito mutuo, carentes de tasas de interés y basadas en la soberanía monetaria de los ciudadanos, desmontan esta paradoja perversa: el dinero – emitido y transmitido de forma transparente – recupera su función informativa y transaccional, a disposición de todos. Reforzando nuestra dignidad y  conocimiento. Nuestra sabiduría.

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