Mi amigo Vicente Gracia: un alquimista paciente y sabio

Un hombre primitivo, imitando la naturaleza, tomó un árbol caído y encendió una hoguera con la que calentó la cueva en que vivía con su familia y su tribu. Al día siguiente, con los  trozos carbonizados y los despojos de la comida, pintó en el fondo de la cueva unas escenas de su vida habitual. Estas escenas hoy son una obra de arte por un motivo tan simple como el que son un acto de comunicación valioso para todos los tiempos. Es esta cualidad la que convierte la creatividad en arte: el mensaje es pertinente para cualquier tiempo, cualquier época.

El hombre primitivo, también conocía la acción del fuego en la naturaleza: comprobaba como el fuego convertía todas las cosas en humo y cenizas, eliminando también los animales y sustancias nocivas: – “el fuego purifica” – pensó.

Ahora, por la teoría de la relatividad, sabemos que el fuego – la energía – es lo mismo que la materia. Lo único que las diferencia es la velocidad: la energía es materia moviéndose a una velocidad casi infinita (el cuadrado de la velocidad de la luz, según E= mc2). A esta velocidad el tiempo no pasa, por lo que la energía fluye sin tiempo. Sólo la materia está afectada por la duración, que llamamos tiempo. Y aunque conocemos esta ecuación, seguimos pensando que el fuego purifica, cuando solo modifica.

Pero desconocemos la segunda parte de la ecuación, aquella, que realmente “purifica” las cosas.Ahora hemos aprendido muchas formas de manejar la energía, pero no somos capaces de purificar nada. Sabemos quemar a una velocidad desmedida, dado nuestra inteligencia y soberbia, que convertimos en  impulso irrefrenable de dominio de la naturaleza, gracias a nuestro control de la energía.

Mientras el simio inteligente se entretiene en sus abstractos juegos destructivos, la naturaleza va continuamente”purificando” : el agua sucia que vertemos en los mares acaba como agua naciente en los manantiales (“agua pura y cristalina”, decimos).

Y con los árboles caídos, la naturaleza ejerce también una transformación fascinante: con el tiempo suficiente, después de una presión y temperatura descomunales (energía, al fin y al cabo), un bosque entero acaba convertido en una gema del tamaño de un garbanzo.

En esa transformación, la presión descomunal ha atrapado al tiempo dentro de los cristales de carbono, donde rebotará por toda la eternidad a una velocidad infinita, junto con la luz que lo atraviesa. Este es el motivo por el que intuimos que “un diamante es para siempre”.En el caso de los diamantes, las impurezas quedan atenuadas y colocadas en posiciones especiales del cristal, atrapadas entre las fuerzas moleculares de los átomos de carbono.

Pero la naturaleza no ha “purificado” el diamante, como tampoco lo ha hecho con el agua naciente. La pureza no existe y cuando existe es lo más parecido a la muerte, como le pasa a todo el que pretenda beber agua destilada (“totalmente pura”).

La naturaleza no purifica, como bien sabían algunos sabios alquimistas de la antiguedad: más bien, la tarea consiste en una sanación, una recolocación constante de los elementos, que facilita la diversidad y la vida. La alegría es simplemente la constatación de esta diversidad y vida en nuestro entorno.

Y aquí es donde entra el trabajo del joyero. El joyero debe trabajar la gema con sabiduría, para tallar las piedras de tal forma que las impurezas queden fijadas en los ángulos de las aristas y puedan así rebotar y reflejar todo el arco iris dentro de una piedra brillante.

Con la mecánica cuántica hemos aprendido que “mirar una cosa supone actuar sobre ella”, pero la influencia es mutua: la mirada fascinada sobre la joya también captura parte del tiempo atrapado en su interior, que se va desleyendo lentamente, escapando en silencio por las ventanas abiertas de las impurezas, y contribuyendo también a nuestra sanación.

En este proceso, el joyero desviste el tiempo atrapado y la piedra se vuelve preciosa. El joyero participa de la mutación y nos devuelve un talismán donde el tiempo y la luz rebotan en sus facetas.

Aquí es fundamental la pericia del artesano y su intención: sabemos que la sabiduría es la mezcla de conocimiento más alegría, y por ello los auténticos maestros de un oficio, también son maestros en la vida. El artesano sabio, el alquimista humilde, que comprende y asume su papel en la mutación del universo, dado que ha comprobado con serenidad y sin urgencia el efecto de su trabajo y el de otras personas. El cambio en todos los objetos que le rodean. Estrellas, planetas, amigos, animales o plantas.

Un alquimista paciente y sabio, como Vicente, cuya intención es transmitir alegría. Y que proporciona un instante minúsculo pero hermoso, de lo que todo humano añora: el tiempo atrapado en una piedra preciosa.

Anuncios

La música colaborativa

weather_report2_1980

Chris Hakkens at http://flickr.com/photos/39072523@N02/4635910299. cc-by-2.0.

 

He “descubierto” en la radio (Radio Clásica – RNE) una versión excepcional de una pieza famosa. Se trata de “A remark you made”, compuesta por Joe Zawinul, e incluida en su disco de Weather Report “Heavy Weather”. Una pieza extremadamente bella.

 

La versión extraordinaria está realizada por Kurt Elling, que en un homenaje muy arriesgado, hasta ha dotado de letra a la canción original, sustituyendo con tremenda exactitud “la parte del saxo” de Wayne Shorter. La versión también es bellísima. Aunque no entendía del todo la letra, es una despedida cariñosa – “It’s time to say goodbye” la ha denominado Kurt Elling -.

He ido de la versión original, a la versión cantada de nuevo varias veces, y la fidelidad y el efecto es asombroso, cómo Elling “canta” el saxo de Shorter con su letra.

La verdad es que he oido esta cancion centenares de veces, desde la primera vez que me grabé el disco en casa de Pedro Sanz, que se lo habia cogido a su hermano mayor, en el año 1977.  ¡Todo el disco “es una pasada”!(Sigue siendo una pasada), pero siempre me fascinó especialmente este tema. Cómo consiguen extraer de”un comentario que hiciste”,  tanta belleza; cómo desde cada instrumento colaboraban en apostillar esta bella melodía, cada uno a su manera, todos solos, pero ninguno solo, desde su sabiduria y sentimiento, enhebrando una bóveda sutil, enorme, una catedral armónica y suave con 4 instrumentos, cuya clave de bóveda queda apuntada por el saxo de Wayne Shorter (como en tantas canciones…).

Oir musica y pensar en otra cosa es un placer especial. Después de oirla varias veces – ambas versiones, varias veces versioneadas en YouTube, a su vez – pensaba emocionado y transido que seguro que músicos como Bach o Haendel habrían apreciado esta música bella sin tiempo (o sea, de todos los tiempos).

– “Ahora no tenemos la suerte de tener a un Bach o Haendel componiendo” – pensaba -, ¿o sí? – Los melómanos diletantes no tenemos elementos de juicio para saberlo ( y nos da igual: nos sobra con lo que hay).

Pero podemos tener algo mejor: la Música Colaborativa. Dicen que el jazz es una música de improvisación. El que piensa que el jazz se improvisa es que no ha asistido a ningún buen concierto. El jazz, como la música, como el lenguaje, encuentran en la actitud  colaborativa el medio para alcanzar la sabiduría. partiendo del conocimiento, los sentimientos y las actitudes de cada uno, incluso de los oyentes. Los músicos tejen una red expresiva en la que la cualidad necesaria es la interacción: es de la interacción de donde surge (van sacando los músicos) la belleza efímera en un presente insustituíble (como todos, por otra parte).  Hay un elemento adicional a la “mera improvisación”: las melodías, los ritmos, las variaciones que nacen de la interacción, de la sugerencia mutua, como elementos emergentes en el hecho musical. Hasta los musicos “asisten”sorprendidos al surgimiento entre ellos de esos nuevos caminos melódicos y rítmicos, que rompen las fronteras de lo ya oído, provocando una bella tensión en los sentidos, entre lo conocido y lo recién alumbrado.

No sé explicarlo bien, pero espero que escuchando esta bella canción – en todas sus versiones – queda más claro. (Oir a muy alto volumen, por favor).

La version original de Weather Report

La versión de Kurt Elling”Time to say goodbye”.

La identidad de Catalunya no puede amenazar la identidad de los catalanes

Id-éntico es aquel ente que es igual a otro (identitas: de idem – lo mismo -, y ente – lo que es o existe -). Dejando en el bolsillo el Documento de Identidad (que nos clasifica dentro de una categoría de seres idénticos, o sea con similar entidad), podemos decir que la identidad de las personas, de cada ser humano, radica precisamente en su naturaleza humana, cada uno con sus propios rasgos  personales, y donde podemos reconocer indisolublemente la dignidad que tenemos cada persona.  Esta dignidad es reconocida, no otorgada. Pertenece intrínsecamente al ser. Formulando la dignidad como el reconocimiento de una serie de derechos a entes de categoría idéntica, en el caso de los seres humanos este auto-reconocimiento nos engloba a todos los participantes de idéntica categoría: la humana (la identidad humana). Esto es: cualquier derecho o atribución que nos auto-asignamos los humanos queda automáticamente extendido a toda la especie, precisamente por nuestra (redundante) identidad común (y sin perjuicio de la dignidad de los otros entes de la naturaleza, obviamente).

La construcción de la identidad de Cataluña está amenazando la identidad de los catalanes. La contradicción es solo aparente, y se resuelve retornando a la etimología de la palabra identidad. Ahora, un grupo numeroso de catalanes quieren dotar a Cataluña (un ente) de una identidad estatal europea. Esto es, que el ente Cataluña sea idéntico a otros estados de Europa. Esto quiere decir que, dejando aparte los rasgos propios de entes idénticos, mantenga rasgos comunes (identificables) con el resto de estados europeos, como los subsistemas político, económico, legal  y de derechos sociales y personales que los identifican.

Pero esta iniciativa está lastrada, de un lado, por que en este proceso unilateral se violenta la identidad de muchos catalanes, sustrayendoles una parte de su dignidad (su capacidad de decidir y obrar) recogida expresamente en el cuerpo legal (que para eso sirve, entre otras cosas). Por otra parte, cuando instancias españolas externas a Cataluña niegan a los humanos de Cataluña su capacidad de decidir y obrar (su derecho) también están atacando su dignidad y por tanto su identidad como seres humanos, como españoles.

Al final vemos que, como ocurre muchas veces, las cuestiones de identidad se pueden resolver teniendo en cuenta que es precisamente la identidad la que nos confiere a todos la dignidad. ¿A quién se la negarías tú?

Un saludo cambia el mundo

La comunicación es un elemento imprescindible de las sociedades humanas: es precisamente la herramienta que configura el sistema social. Casi todos nuestros  actos son acciones de comunicación: todas las que realizamos entre varias personas, y muchas de las que hacemos en soledad. Escribir un libro, por ejemplo.

La comunicación, como el resto de acciones humanas puede ser un acto de amor o un acto de guerra. La realidad no es tan drástica, y ofrece matices, pero no quiero despistarme del objetivo. La diferencia entre actos de amor y guerra consiste en que los actos de guerra nos separan del mundo, de los otros, los despojan de su dignidad, previamente a su destrucción, mientras los actos de amor nos unen al mundo, nos implican con los otros, reconociendo su dignidad e incitándonos a trabajar por ellos y su bienestar.

Unas recientes investigaciones antropológicas han sugerido que el origen del lenguage está en la colaboración entre homínidos para la caza o la batalla: una suerte de sonidos guturales como  elementos de coordinación para la acción colaborativa, ya sea de amor – de supervivencia de la tribu -, o de guerra. También sabemos que las parejas en la intimidad desarrollan su propio lenguage que les ayuda a mantener y ampliar la ternura y la complicidad. La comunicación es una herramienta. La misma mano puede tirar la piedra y esconderse, como acto de guerra, y acariciar como acto de amor, al que despuès sigue todo el cuerpo. Comunicación para la acción cariñosa o beligerante.

El primer acto de comunicación en un encuentro – fortuito, o no – es el saludo. Y también puede ser cariñoso o beligerante. El saludo puede constituir el primer acto de afecto, de reconocimiento de la dignidad en nuestra relaciones personales o profesionales. El saludo es el deseo de mutua salud, pero puede ser mucho más. Puede ser la primera oportunidad de crear un sustrato de complicidad y confianza. El trabajo por la dignidad ajena no solo es saludable, consituye un acto de sanación mutua que nos hace poderosos y sabios. La mecánica cuántica nos ha demostrado que mirar un hecho supone condicionar su desarrollo, pero actuar sobre él implica cambiar el mundo, al tiempo que cambiamos nosotros.

La suma de todos los actos de comunicación da como resultado la cultura de una sociedad. Y ahí contamos todos, participamos todos. Quizás los artífices culturales y científicos ensanchan su campo, pero entre todos configuramos su cualidad como marco y soporte de nuestros actos, tejido donde cobran significado y valor nuestras acciones.

Ahora tenemos una colección de saludos, recogidos en 87 encuentros cariñosos y muy interesantes. Compendio valioso de actitudes y comportamientos de personas que cambian nuestro mundo, nuestra cultura, nuestra sabiduría. 70 apretones de mano y 17 besos y abrazos para iluminar una vía de refuerzo personal y profesional, de empoderamiento social.

No perdamos la oportunidad de recorrer un camino de sabiduría: hagamos nuestra propia colección de buenos saludos.

Y para empezar el camino, un mapa privilegiado: el precioso libro de Belén y Juan Ramón: El coleccionista de saludos.

Escalada o descenso

1024px-Climbing_in_Lei_Pi_Shan_-_Yangshuo,_China

rock climbing @ lei pi shan, yangshuo china

By Maria Ly [CC BY-SA 2.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.0)%5D, via Wikimedia Commons

 

Escalada o descenso. Ascética separación de lo humano u oprobiosa inmersión en lo diabólico. Quizás ambas cosas a la vez.

A lo largo de los últimos años, hemos asistido a una curiosa metamorfosis de nuestro estamento político; cuando digo “nuestro” no me estoy refiriendo a España, sino a toda la Unión Europea. Esta metamorfosis es una transformación involutiva, que consiste en la mutación de nuestros representantes en una casta de arúspices. Una casta cada vez más separada de las personas y sus aspiraciones vitales, y solo atenta a colocarnos bajo los auspicios de los nuevos dioses del Austericidio, mientras se separan con displicencia de los ciudadanos que les dan soporte y cuya soberanía ¿representan?

Y el último escalón (que no definitivo, si no ponemos remedio) de esta mutación lo constituye la decisión de algunos “des-almados” sobre la crisis de los refugiados por la guerra de Siria.

En una decisión con una racionalidad lógica e insensible, los representantes europeos han acabado de despojar de casi toda dignidad humana a los refugiados. Si lo pensamos detenidamente, poniéndonos en sus exclusivos zapatos, no cabía otra decisión, o esta no podía ser muy diferente.

Ateniéndose estrictamente a la lógica de los representantes políticos, había que situar a los refugiados al menos un peldaño más abajo de los “últimos ciudadanos europeos” (como , por ejemplo, el pueblo griego). Si los políticos hubieran realizado un esfuerzo para sostener la dignidad de los refugiados sirios, esto les habría obligado a realojar en un escalón superior de dignidad a los ciudadanos griegos, cuya degradación fue inducida artificialmente para castigar a unos dirigentes que pretendían trabajar para su recuperación, después del expolio financiero.

Y como en un efecto dominó, este realojo supondría la reasignación de dignidad (o sea, de derechos) de las sucesivas castas: precariado del sur de Europa (los pigss), pigss con los “deberes cumplidos” (como España), .precariado de los países del este y norte (los inventores de los”minijobs” y los “contratos-cero”), pasando a las castas superiores: empleados ejecutivos, estamento político secundario,etc. La subversión, vamos.

La decisión, impecablemente racional desde su punto de vista, es un claro descenso en los escrúpulos y compasión de los mandatarios europeos, y una escalada de impiedad, por parte de un montón de dirigentes hipócritas que se empeñan en aseverar la “herencia cristiana de la unión europea”.

“Por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7-16). Y los votaréis… (Joaco 20/03/16).

Involución

Involución
Los sistemas de organización social siempre han estado en continuo cambio. Incluso los estados son estructuras que no han existido siempre, y cuyas funciones han variado con el tiempo. Esto es evidente cuando comparamos las características y funciones de los estados feudales, con los estados democráticos modernos, por ejemplo.
Gracias a las revoluciones norteamericana y francesa se establecieron los cimientos de los estados democráticos modernos, basados en la soberanía popular, y en la separación de poderes, con el objetivo de preservar esa soberanía de las personas frente al poder de la “maquinaria estatal”. Con el desarrollo de las ciencias sociales y políticas, gracias a la contribución e ideas de muchas personas, los estados funcionan ahora como ”Sistemas complejos”. Se dotan de estructuras organizadas, con relaciones emergentes e interdependientes entre sus elementos, con el fin de interiorizar parte de la incertidumbre del entorno para facilitar la vida de sus integrantes: sus integrantes – los ciudadanos –, a cambio, ceden parte de su soberanía a este sistema con el fin de disminuir su horizonte de incerteza y así simplificar sus acciones y decisiones cotidianas.
Con esta finalidad, se han ido creando subsistemas complejos especializados para gestionar las principales facetas de la existencia; como el subsistema político, enfocado en la gestión de las relaciones y normas sociales, de tal forma que no es preciso que cada individuo tenga que desarrollar su propio esquema normativo y de relación inter-ciudadana, y luego discutirlo y acordarlo multilateralmente con todos sus paisanos (vaya jaleo). De la misma forma, el subsistema educativo se ocupa de la preparación, acumulación y difusión estructurada de los conocimientos entre los ciudadanos, sin que cada uno de ellos tenga que realizar este proceso de búsqueda, recolección y asimilación. De esta manera, no todos los ciudadanos necesitamos ser médicos, albañiles, jueces, policías, maestros, soldados, jardineros, etc.
Desde mediados del siglo pasado, el sistema social más exitoso – definiendo por exitoso como el que más ha colaborado en difundir, favorecer y dar soporte a la dignidad de los seres humanos- en el planeta, es el llamado “Estado del Bienestar”. Este sistema – circunscrito a los individuos de cada estado que lo implanta – se ocupa de facetas de la dignidad referidas a la educación, salud, envejecimiento, dependencia y equidad de sus integrantes.
Pero estas no son las únicas funciones del “Subsistema Estatal”: otro grupo de funciones para el que hemos cedido parte de nuestra soberanía personal al estado, lo constituyen aquellas que podríamos llamar la “Gestión del Malestar”, y que se adscriben bajo los epígrafes de “defensa” (gestión de la guerra), “seguridad” (gestión de la violencia) y “justicia” (gestión de los conflictos ético/morales).
Y entre estos dos ámbitos – la Gestión del Bienestar y la Gestión del Malestar –se ha dado una mutación muy clara en los últimos años: los partidos “conservadores” se han lanzado con fruición a una agenda “reformista”, con varios ejes de trabajo:
Por un lado, levantar el velo del estado del bienestar, mediante la privatización y/o la modificación de las estructuras y acciones del sistema, dejando de nuevo a los individuos a las expensas de la gestión personal de la incertidumbre en sus ámbitos vitales, como la negociación del valor personal, la educación, la salud, la dependencia y el envejecimiento.
Por otro lado, acentuando el énfasis comunicativo y presupuestario en los ministerios de la guerra, en la comunicación de la sensación de inseguridad y en leyes que atenúan o impiden la canalización del descontento ciudadano con estos cambios.
Por un tercer lado, en la obliteración de las acciones para la recaudación adecuada de los impuestos necesarios para mantener estos sistemas sociales – que dan soporte y configuran nuestro “contrato social”-, evitando la exigencia de contribución a los plutócratas.
Y por último, con la ayuda inestimable de los grupos de comunicación masiva, en la demonización de aquéllas organizaciones – antaño llamadas “progresistas” – que pretenden “conservar” este sustrato mínimo vital de nuestras sociedades, y que denuncian la fractura del sistema y la consiguiente exposición de las personas, por lo que son calificados como “antisistema” o “radicales peligrosos”. Desde un punto de vista radical – el mío – tienen razón en esta denominación: el “Sistema”, configurado como una estructura enfocada a la Gestión del Malestar y despreocupado del Estado del Bienestar, no me gusta y no me interesa.
La secuencia de cambios y mutaciones en la humanidad no tiene por qué ser evolutiva (entendiendo por evolutivo, como que sigue una flecha de bienestar creciente y de extensión de la dignidad a todos los seres del planeta). Lo que estamos viviendo – no sólo en occidente – es una involución, que está empeorando y obstaculizando la resolución de los dos mayores problemas del planeta: la insostenibilidad y la desigualdad.
Un (sub)sistema que despoja la dignidad de sus ciudadanos, pero ocupado en auto-perpetuarse como mecanismo de designación de las prioridades sociales, y que se ha auto-erigido como máxima preocupación de sí mismo. ¿Es esto lo que queremos? Podemos cambiarlo.

¿Un angel exterminador?

Sistema_político_según_David_Easton.svg

“Sistema político según David Easton” by User:Libertad y Saber – A Systems Analysis of Political Life. Licensed under GFDL via Wikimedia Commons – https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Sistema_pol%C3%ADtico_seg%C3%BAn_David_Easton.svg#/media/File:Sistema_pol%C3%ADtico_seg%C3%BAn_David_Easton.svg

El sistema político  es un sistema complejo dentro de la sociedad.  Como todo sistema complejo, su pretensión consiste en simplificar una mayor complejidad de su entorno – la sociedad -, con el objetivo de gestionarla de acuerdo con unos fines pactados entre los integrantes de esta sociedad.

La racionalidad del sistema consiste en que el Estado, dentro del subsistema político de la sociedad, asume los fines definidos por esta sociedad, dentro del objetivo del bien común; de esta forma, el bien común se convierte en la “razón de estado”. Esta definición de los fines – hecha entre todos con las herramientas del sistema democrático – no es unánime, ni armónica, ni concordante, luego solo puede ser problemática, turbulenta.

En este sentido, la lógica de funcionamiento del sistema político, solo puede incluir el conflicto como mecanismo de relación: las estructuras del sistema político solo pueden ser problemáticas, porque recogen las tensiones del entorno (los distintos fines de los entes sociales), con el objetivo de definirlas, gestionarlas y resolverlas según el mejor bien común.

Lo que esperamos entonces de los actores del sistema político es una gestión que incorpore esas turbulencias con el objetivo de definirlas y gestionarlas hacia una regulación armónica. No es esto lo que estamos viendo:

Estamos viendo en directo, en televisión, la incapacidad de los grupos para empezar a gestionar esta complejidad. Como en la película de Buñuel, El angel exterminador, pero a la inversa, vemos a los grupos incapaces de entrar a una sala, sentarse a una mesa, sacar sus anotaciones con sus propuestas políticas y poner en marcha una dinámica de grupo para conseguir una línea política que maximice la consecución de las propuestas escogidas por los ciudadanos en las elecciones.

No es algo de extrañar en el grupo del PP, que ha demostrado sobradamente anteponer sus intereses propios por encima de los intereses ciudadanos, además de su incapacidad provebial para el pacto y  para el diagnóstico de la acción política como gestión del conflicto. Y para qué hablar de su papel como estructura podrida.

Pero la presencia de este “angel exterminador” en los ánimos del parlamento es bastante desazonadora para los ciudadanos, que vemos  con desagrado y sorpresa como los escogidos para la gestión natural del conflicto político se demuestran incapaces. Si hay nuevas elecciones, debería estar prohibido que se presenten los mismos candidatos.

Quizás lo oportuno sería encerrar a los congresistas en la sala y que, como en El angel exterminador, pero obligados por la ciudadanía, se vieran obligados a suspender todos sus proyectos vitales (incluyendo el cobro de sus sueldos), encerrados en el Congreso, hasta que diriman el próximo gobierno y sus líneas de actuación.

El partido termita

CSIRO_ScienceImage_1655_Cryptotermes_domesticus

By CSIRO, CC BY 3.0 Workers of the drywood termite Cryptotermes domesticus sitting on Pinus radiata.

Las termitas son unos insectos curiosos. Aunque no están emparentados con las hormigas, comparten con ellas su sistema de organización basado en castas y su persistente productividad.

Los que trabajamos en la madera, conocemos además una cualidad sobresaliente de las termitas: sus conocimientos de ingeniería. Me explico:

Las termitas viven de la celulosa contenida en la madera, pero no viven en ella. Viven en nidos subterráneos, y utilizan la madera como un campo del que extraen su alimento. La viguería de madera de un edificio es, por tanto, un campo privilegiado para extraer alimento. Todos los días van a “trabajar” excavando galerías (incluso en los muros) y se van alimentando de la madera de las vigas, vaciándola por dentro. Como huyen de la luz, nunca salen al exterior, por lo que el aspecto de la madera por fuera es impecable.

Y aquí se da el efecto curioso: las termitas van comiendo las vigas hasta que “detectan” que la estructura de madera está cerca de su punto de rotura. En ese momento, se retiran y buscan otra fuente de alimento.

Las últimas noticias del Partido Popular nos recuerdan este tipo de comportamiento: hemos visto como en los últimos años han socavado la estructura del estado del bienestar y minado muchos de los organismos donde “trabajaban”, corrompiendo las estructuras económicas con la inestimable ayuda simbiótica de muchos empresarios.

La retirada de Rajoy, junto con las últimas detenciones e imputaciones, quizás nos indican que – al igual que las termitas – están detectando que se acercan al punto de rotura de la viguería institucional: no sólo se trata de dirimir en esta legislatura todos los juicios de corrupción popular en marcha, sino que las señales de humo de Davos, indican que viene otro cataclismo financiero que puede acabar de desmontar los frágiles andamios de nuestro sistema social.

Soberanía y dignidad

Según el diccionario, la soberanía consiste en el “ejercicio o posesión de la autoridad suprema e independiente”.Pero, ¿qué es la “Soberanía monetaria”?

Convenimos en que el dinero es una herramienta que cumple 3 funciones: Medio de intercambio, escala de valor y depósito de riqueza.

Podemos precisar que se trata de una “herramienta conceptual”, dado que su utilización para estas funciones depende del asentimiento explícito de sus emisores y usuarios, y no de sus cualidades intrínsecas como objeto. Distinto de, por ejemplo, el objeto “martillo” que -independientemente del acuerdo de uso que establezcamos – se adapta perfectamente a la función de herramienta para clavar clavos. Precisamente por esta variedad conceptual hay muchos tipos de monedas.

El dinero es un medio de intercambio, en el sentido de que permite completar las acciones y convertirlas en transacciones: si Carpanta me entrega un pollo, yo podría devolverle medio, darle un abrazo y/o pagarle 5 euros, entre otras opciones.

Es una escala de valor porque permite la comparación de productos y servicios heterogéneos, como las peras y los ordenadores.

Y es un depósito de riqueza porque su acumulación permite diferir las decisiones sobre adquisiciones de bienes y servicios hacia el futuro, en vez de tener que realizarlas inmediatamente después de entregar los nuestros.

Pero tiene otra función adicional, que viene derivada de las funciones primeras (medio de intercambio y escala de valor) y de su imbricación en un sistema complejo como es el sistema económico mundial: el dinero constituye la unidad de información del sistema económico.

La información es precisamente la unidad de “construcción” que permite configurar cualquier sistema humano. De esta manera, podemos definir la complejidad de un sistema en función de la cantidad de información que contiene y que le sirve de estructura y esqueleto. Pero la diferencia entre el dinero y cualquier otro tipo de información consiste en que, mientras la información “intelectual” es un bien no rival (su consumo por parte de una persona no disminuye su disponibilidad para el resto), el dinero funciona  como un bien exclusivo (lo que es mío no es tuyo). De esta manera, se pervierte su aplicación como herramienta de información del sistema, y da pie – entre otras muchas incoherencias – a que podamos oir simultáneamente a muchos analistas decir sin pestañear: “Las bolsas bajan a causa del desplome del precio de petróleo” y ” Las bolsas suben a causa del desplome del precio del petróleo”.

El motivo de la incoherencia es simple: el paradigma que relaciona el tipo de interés (o sea, el precio del alquiler del dinero) con el “riesgo” puede servir para un análisis simple, pero no sirve en un sistema complejo. En los sistemas complejos la información puede ser aportada por cualquiera de sus elementos, en lo que constituyen las operaciones del sistema. Esta capacidad es lo que podemos denominar soberanía monetaria (= soberanía informativa en el sistema económico) y ha sido capada en nuestro sistema financiero. A esto le añadimos el oscurantismo en los mecanismos de generación del dinero y ya tenemos un río bien revuelto en el que sólo pescan algunos.

Las monedas complementarias de crédito mutuo, carentes de tasas de interés y basadas en la soberanía monetaria de los ciudadanos, desmontan esta paradoja perversa: el dinero – emitido y transmitido de forma transparente – recupera su función informativa y transaccional, a disposición de todos. Reforzando nuestra dignidad y  conocimiento. Nuestra sabiduría.

Colección de obviedades

http://copyrightuser.org/topics/text-and-data-mining/

Imagen por cortesía de http://copyrightuser.org

La soberanía reside en el pueblo. Los partidos políticos ejercen la representación de esta soberanía en la acción política. Esta representación de la soberanía no es una sustitución de la soberanía. Precisamente, la representación de la soberanía, se realiza en la práctica mediante el voto al Programa político (programa electoral) de cada partido presentado a las elecciones. Lo que escogen los ciudadanos son los partidos políticos para que éstos realicen los programas políticos ofrecidos, y no para cederles en bloque e incondicionalmente la soberanía ciudadana. Es el Programa Electoral el que vincula la acción de los partidos con la soberanía de los españoles, aunque algunos de aquéllos actúan eludiendo este axioma, y sustituyendo nuestra soberanía por su arbitrariedad en la acción de gobierno.

Esto viene a cuento de los pactos post-electorales que se avecinan. Una vez conocidos los resultados, se sigue sosteniendo por parte del Partido Popular que debe gobernar la lista más votada. Y esta idea es simplemente una falacia: lo que votamos – dentro de nuestro ejercicio de soberanía -, no es para que gobierne la lista más votada; si así fuera, simplemente estaría recogido en la ley electoral. Votamos a los partidos para que ejerzan la acción política de acuerdo con sus programas electorales. Si un único partido tiene suficiente mayoría para gobernar – dado que su programa y candidatos han sido apoyados por la mayoría de los electores -, podrá llevar a cabo su programa político, dado que contiene las medidas votadas por la mayoría de los electores. Pero si no hay partidos políticos con mayoría directa de gobierno, lo que debe establecerse es una acción de gobierno para poner en marcha las medidas apoyadas por la mayoría de los electores. Lo que podríamos llamar el “máximo común denominador” de los programas.

Dos ejemplos desde el punto de vista práctico:

  1. Si una medida como la derogación y sustitución de la ley de educación de Wert ha sido propugnada e incorporada por partidos políticos que suman más de 15 millones de votantes (Psoe, Podemos, Ciudadanos e IU, 60,27%), frente a algo más de 7 millones del PP (28,7%) que pretenden su mantenimiento, es evidente que el gobierno nuevo debe derogar esa ley, atendiendo a la voluntad de la mayoría de los votantes.
  2. Si la misma mayoría ha votado afirmativamente a un cambio en el articulado de la constitución, es evidente, que el nuevo gobierno tiene que atender a ese criterio de la mayoria de votantes que manifiesta la voluntad de que se cambie la constitución.

Quizás la preferencia por la lista más votada a la hora de iniciar los contactos para la formación de gobierno pueda ser una cuestión tanto de cortesía como de orden práctico, pero no podemos permitir las elucubraciones que intentan sustituir nuestra soberanía, cuando lo único que les hemos encargado explícitamente es representarla.

El primer paso, por tanto, consiste en la comparación (una tabla comparativa, fácilmente realizable en una hoja de cálculo) de las medidas de los programas electorales y su apoyo por los españoles. Hay medidas coincidentes, ampliamente votadas,  directamente compartidas. Y otras de mayor o menor similitud -a veces en la redaccion -, que éstas sí deberán ser homologadas por los partidos en una negociación, que extraiga lo más común de ellas a todos los votantes, hasta configurar un programa legislativo.

En una fase posterior, se podrá escoger al gobierno que implemente la ejecución de estas medidas.

Quizás este proceso conlleve mayor, esfuerzo, atención, estudio y dedicación de nuestros representantes, pero están ahí para eso.